Peter Pan

Sola...

Estaba empezando a cansarme del hecho de sentirme sola rodeada de tantas letras, así que como remedio casero, escribía a escondidas lo que necesitaba leer, pero en realidad, lo que quería era otro tipo de puntos y comas.

La literatura es adictiva, y en aquel tramo de mi vida, no llegaba a comprender porqué los libros que caían en mis manos no conseguían paliar ese vacío que solo algunas novelas conseguían llenar. Había iniciado desde hacía mucho tiempo una relación amorosa con mi hobby, y en esos instantes, habíamos entrado en una crisis.

Recuerdo que cuando era una niña tenía el conocido síndrome de Peter Pan, no quería crecer, estaba a gusto con mi vida, mis juguetes, y con mi facilidad de divertirme con cualquier cosa. A veces miro atrás y siento pena de aquella cría que estaba convencida de que iba a ser astronauta, veterinaria, o incluso una pirata-princesa, que rechazaba a los que no eran capaces de inventarse buenas historias, y deseaba ser eterna, sin darse cuenta de que el tiempo seguía corriendo en su contra. Llegó el primer grano.

Con el primer grano llegó el vello, y después el dolor de tetas. Había comido demasiada miga para darme cuenta de que el supuesto truco para que te creciera el pecho no me iba a servir de nada. ¡Adiós cuentos con dibujos y palabras sustituidas por pequeñas imágenes! ¡Hola vergüenza y acercamiento al mundo! Bendita adolescencia. Me deshice de mis juguetes y de mis genialosas profesiones de un plumazo, y llegó la época oscura. 

Pelo largo y negro, ganas de vivir nulas, poemas llenos de odio, libros juveniles con tríos amorosos descansando en mi mesilla de noche, ansiedad social y depresiones... Me prometí odiar para siempre el mundo al que me habían traído sin permiso, odiándome primero a mi misma. El problema es que luego me zambullía en cualquier historia que me prometiera cualquier tipo de amor, por muy inválido que fuera. Estaba claro, lo que en realidad ocurría en aquella época es que vivía eternamente asustada.

Después de que me acabara acostumbrado al sexo, y tras un que otro desengaño amoroso, dejé la vergüenza a un lado, y las novelas empalagosas comenzaron a perder su forma, ¿de verdad qué los libros juveniles eran igual de malos qué hace unos años? 

Igual que dejé de lado los cuentos con el primer grano, me deshice de los vampiro con el primer "me resbala", y esa mítica frase comenzó a meterse en mi vocabulario poco a poco, terminando por utilizarla hasta cuando daba "puerta" a algún que otro idiota. ¡Oh no! Y aquí vino la crisis.

Con el tiempo, me empecé a dar cuenta de que estaba convirtiéndome poco a poco en una adulta, y volví a divertirme con la idea de ser una astronauta, una veterinaria o una pirata-princesa. Me alié con la niña que fui, y abrazamos a la asustada adolescente, quedándonos las tres mirando un poco disgustadas las estanterías, pues no sabíamos muy bien qué hacer ahora con las letras. Los vampiros descartados, los piratas molaban pero no eran del todo realistas, y libro que caía en nuestras manos, libro que desechábamos. 

La literatura y yo nos enfadamos, y llegaron las buenas novelas a abofetearnos la cara. Ahora no importaba el género, así que el mundo de los libros comenzó a complicarse poco a poco, igual que lo hizo la vida (necesitas un coche, una profesión, un trabajo, y cumplir con ciertas responsabilidades) Pero la literatura nunca traiciona, y cuando descubrí las buenas novelas, comprendí que el poso que dejaban era mucho más fuerte que las sensaciones almibaradas de mis anteriores aventuras. A veces echo de menos los libros con imágenes, y el amor pegajoso que descubrí en alguna que otra novela, pero en cierto modo lo comprendía: soy humana, y ante el paso del tiempo, necesito ser un poco Peter Pan.

Comentarios

  1. Dí que sí. Jajajajajajajajaja me ha encantado esa frase que dices que la mujer se reconcilia con la niña.
    ¡Así debe ser! Sigue escribiendo

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  2. Jajajaja "Con el primer grano llegó el vello, y después el dolor de tetas", que gran verdad xD
    Un beso!

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