¿Cómo?

Es cierto, a veces es complicado mirar a la verdad con ojos cristalinos, y podría decirse que he estado muy ciega durante todo este tiempo. Temo quedarme dormida.

La vida no es justa ni tampoco injusta. Nos pasamos el tiempo relamiendo las ideas caramelizadas que nos han traspasado de generación en generación, como un regalo impuesto, olvidando que existe una realidad que está allí fuera, y que a la mayoría nos aterra.


Yo temo quedarme dormida, para siempre. Nunca me ha gustado sumirme en una oscuridad que no me dejará estar alerta. He visto a la muerte, y creerme, no hay juicios que valgan: ni por ser más joven tienes derecho a vivir, ni por ser más viejo ya ha llegado tu hora, no vale raza, ni sexo, ni tampoco si te has portado "bien" o "mal"... La realidad es que la muerte no está compuesta por ningún valor, y que tarde o temprano llega, invadiendo lo que más queremos, nuestra propia existencia y la de nuestros seres queridos.

Por eso me aterra a veces andar como si mis pisadas no fueran ya un regalo, un motivo para celebrar el hecho de que estoy viva, pero tú... Tú ya no estás. Eso me duele, día tras día, acordarme de como mi voz se encerró en esa pequeña caja de pino, que eras tú, hija. La muerte, sí, la muerte es una realidad muy dura, porque nos recuerda que somos esclavos del tiempo y el azar como cualquier otro animal que habite en el planeta, y nos hiere, en ese pequeño orgullo de Dios que llevamos dentro.

Fuiste arrebatada de mis brazos, que anhelaban sentir otra vez el calor que trajiste a mi hogar, esa casa que ahora se desmorona cuando veo una cuna vacía, que espera un lloro, una risa, y un reclamo que nunca te podré satisfacer.

Ya ves, ni siquiera tuve tiempo de considerarme madre, cuando la realidad volvió a mi vida en forma de bofetada. ¿La respuesta de la doctora? Todavía me remueve el alma: "Es un castigo divino por traer al mundo a una criatura tú sola. Todos los niños necesitan un padre" Es algo de lo que te querría haber hablado cuando hubieras sido mayor, del daño de la religión y el no cuestionarse nunca lo que nos han intentado educar a base de "que viene el avión". No hubiera sido una madre perfecta, pero te juro que hubiera sido la que más te hubiera querido y amado, hasta el final de sus días.

A veces no es suficiente cariño, a veces no soy capaz de llenar mi dolor hablándole al cemento que ahora te aguarda. Siempre pienso que solo es piedra, y que en realidad estoy conversando con una de las miles de celdas de un cementerio abandonado. Tú ya has dejado de existir, y hablar al cemento, no hace que estés viva.

El cementerio tiene una verdad distinta que ahora ya no me asusta ni me aterra como antes. He conseguido entender que la verdadera muerte está afuera, en el mundo más temido: el de los vivos. Sí, por eso a veces me quedó dormida al lado de tu nombre en un suelo frío que me recuerda mi asquerosa y horrible existencia.

¿Cómo me puede dar miedo la muerte? ¿Cómo puedo temer a los vivos? Si todas las noches acariciando el colchón de tu cuna, deseo haber sido yo la que esté dormida en un sueño que duré para siempre, para así que tú puedas vivir lo que yo ya he vivido.

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