Estación del Olvido

Leía los renglones torcidos que nunca escribió Dios,
dormía sin estrellas,
se estrellaba sin la luna. 


Es lo que fue pero sin ser lo que hubo,
viajaba en un tren infinito donde solo había una parada:
Estación del Olvido.

Miles de extraños se bajaban en la estación,
allí nadie esperaba.
En el tren coincidía con sombras conocidas
y con una un poco rara.

Disfrutaba del paisaje,
agarrada a su bata.
Comía por comer sopa
por culpa de la sombra rara. 

La sombra todos los días repetía unos cuantos nombres,
estaba empeñada en que nunca olvidara a gente que no conoce. 

En el último viaje,
cuando el tren se apagaba,
la sombra agarró su mano,
la acariciaba. 

"¡Hola abuela!" Dijo triste la sombra rara.
"¿¡Quién es abuela!?" Gritó a esa descabellada.

Pasó el tiempo

..
...
....

El tren descarriló, 
era momento de partir.
Acordándose del nombre de la sombra,
y echando ya de menos tomar sopa,
con una sonrisa etrusca
se fue para siempre a dormir.

Comentarios

  1. Siempre consigues hacerme ver la belleza de la tristeza. Lo has vuelto a hacer, Patri :´)

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    1. Dios mío que comentario tan precioso y más viniendo de una buena escritora. Muchísimas gracias *-*

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