Esperaba

Cerraba los ojos con fuerza, mientras su cuerpo descansaba en su cama. Mordía sus labios creyendo con esperanzas caducadas que algún día su vida iba a cambiar, que dentro de esas paredes se abriría una puerta e iluminaría la habitación que tanto tiempo llevaba a oscuras.

Era una luciérnaga capaz de alumbrar toda una ciudad, y aún así, se veía apagada. Cuatro paredes la encerraban, las mismas cuatro paredes que fueron su deseo, su refugio, y que ahora mismo se caían encima de su ser.

Estaba aplastada, encerrada, sola, asustada, con ganas de no hacer nada y aún así de tener todo. Sentía mucho y a la vez sentía nada, estaba hecha de esas piedras con grietas, donde el agua de un río entra, pero sólo moja y no cala. Así pasaba sus días, encerrada en si misma deseando salirse con la suya.

"Será cuestión de tiempo, el tiempo todo lo cura", se decía una y otra vez no muy convencida, pues la miraban unos barrotes curiosos que tapaban la única salida que tenía hacia las estrellas, esa ventana que siempre estaba abierta aunque estuvieran las persianas bajadas. Lo que no sabía es que el tiempo no todo lo cura, y que a veces, este se pudre y se enreda viviendo en un libro, en una canción, en un poema, en un colgante, en un recuerdo, en algunos miedos, en unos labios, en una mirada, en una sombra, en unas palabras, en varios reproches... Porque a veces se es un ayer sin un ahora.  

"¿Cuánta gente vive en cuatro paredes sin darse cuenta? ¿Cuánta gente lleva siempre esas paredes a cuestas?" Siempre se lo preguntaba cuando reposaba su cabeza en aquella ventana que animaba sus viajes. "¿Será qué los otros se contentan sólo con mirar a través de los cristales y no disfrutar de lo qué hay al otro lado?" 

Hubo gente que había querido ayudarla, pero no eran las manos adecuadas. Hubo momentos en los que fue capaz de salir a través de los barrotes de la única salida que había en su celda, a pesar de los arañazos y los golpes. Porque hubo aunque no ha habido del todo aire. No se puede abrazar pedazos rotos si los tuyos no se han juntado antes, supongo que todo era esperar. 

Esperar... ¿Esperar? Esperar cerrando los ojos con fuerza, descansando en una cama, mordiendo los labios con esperanzas ya caducadas... ¿Esperando a qué todo pueda cambiar? 

¡NO!

Ella sabía que esta no era la solución, que no necesitaba que nadie juntara sus trozos. Ella sabía que lo suyo no era una torre, que en realidad era una cárcel. 

Pero esperaba...

Sólo necesitaba a alguien, y paciente, esperaba a su misma ella: aquella que resplandecía igual que un sol, que rompía la piedra y era agua, que saltaba, volaba, reía, se movía y lloraba. Era un paso intermedio complicado. para llegar al gran final.

¡Aún así no es suficiente, a lo mejor no era la solución indicada!

Cerraba los ojos, mordía sus labios, descansaba en una cama renovando las esperanza. Se esperaba a ella, sin saber que esa ella era la misma que esperaba impaciente, supongo que algún día se dará cuenta y no cometerá el mismo error del antes que sigue sin ser ahora. 

Porque se esperaba a ella.

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