Pisando el cielo

De charco en charco deambula sola con la música en los cascos, respirando el ambiente de humedad que llena sus pulmones hinchando su alma. Moja sus pies en el agua, puede que nunca sea capaz de tocar el cielo, pero por lo menos, si que es capaz de pisarlo.

"Una, dos, tres... ¡Salto!" Nada más sumergir sus zapatos cree poder volar y comparte las nubes con las aves. Un corto periodo después, comienza a azotarle un miedo intenso que le obliga a sacar los pies del cielo. Siempre había tenido vértigo a no estar anclada a la tierra, "Demasiadas raíces" Supone con cierta ironía.

Las personas anónimas huyen, no están preparadas para acariciar algo que no está lleno de pecado. Las gotas son demasiado frías, limpias, tiernas y perfectas para mezclarse con la cordura de los vivos. Esa maldita cordura.

Mientras sus pies tocan el cielo, vuelven a la tierra, y por un instante cruzan caminos de anónimos que huyen, cierra los ojos, "¿Y lo duro qué tiene qué ser estar muerta?" Piensa, mientras un escalofrío recorre todo su cuerpo. No hay cosa que más tema que dejar de sentir, ella es todo intuición. 

Vuelve a respirar, y sigue en su empeño de pisar el cielo. Una idea recorre su mente, "Lo que sí debe ser duro es estar vivo y no darte cuenta de ello. No se me ocurre peor castigo." 

Resopla, el sonido de la alarma irrumpe la música, "Parece que ya es la hora de volver" susurra a la nada. Saltando de charco en charco, vuelven sus pasos hacia atrás. De repente, se para en seco, "No me siento yo" se dijo. Algo había ocurrido cuando las gotas tocaron su piel llena de secretos: Ella ya no era la de antes, por lo tanto, ¿quién era? Fuera quien fuera, si ya no era la del pasado, no tenía que hacer caso a la alarma de su supuesto ahora, ¿le gustará su nueva identidad? Más le valía, porque iban a tener que aguantarse toda una vida juntas. 

Modificando su paso, coge otro camino, y de salto en salto, comienza a evitar los charcos.  


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