El tren

La cafetería se sumía en un profundo silencio. Sofía me miró.

-¿Y bien? -dijo impaciente.

Suspirando contesté:

-Cogí el tren huyendo de mi misma. Me senté al lado de la ventana sabiendo que todo eso era una locura. Miles de historias se entremezclaban con la mía esperando inquietas el ansioso desenlace que me atormentaba. La lluvia me acompañaba en el viaje. De repente, la voz que indicaba la parada, y entonces, bajé del tren.

El ambiente se hizo extrañamente pesado.

-¿Y qué? ¿Estaba ahí? ¿Le besaste? -preguntó sobresaltada.

La miré con ternura.

-Allí no había nadie. Él no subió a su tren.



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