Daño

Un nuevo día, una nueva vida, y ya había hecho un amigo. Salíamos los dos sonrientes de clase, parecía que se avecinaba un curso bastante agradable y no muy complicado. Al llegar a la puerta nos despedimos con dos besos, y con un "Hasta mañana". Rauda, me encaminé hacia mi casa.

Por el camino vi que él me estaba esperando, mi pareja había venido a darme una sorpresa. Parecía tener mala cara y me asusté un poco, temí que estuviera molesto conmigo. Cuando llegué a su lado y le fui a saludar, sin decirme nada, él apartó su rostro en mi intento de darle un beso. Me agarró de la mano y empezamos a caminar.

Me agarraba demasiado fuerte, esa no era la forma de darle la mano a alguien al que querías. Empecé a sentir algo de miedo cuando cogimos el camino más largo para ir hacia mi casa, aún así, parecía que me tenía algo importante que contar y no iba a ser yo quien se quejará, no quería que se enfadara conmigo, no me gustaba cuando me gritaba, y si algo le preocupaba, yo sería quien le escuchase y le ayudase en lo que pudiera. Para eso era su novia. 

...

Comenzó a hacer preguntas. Estaba celoso. "¿Quién era ese?" Repetía. Mis respuestas estaban llenas de reproches, a nadie le gusta que le controlen, y además, nunca le había dado motivos de desconfianza. 

Me miró la ropa, según él no era la indicada. Comencé a intentar razonar con él, estaba equivocado, ya que no hay ropa inadecuada posible, eso era una etiqueta absurda, la ropa sólo es ropa. "¡Puta!" grito de repente. No era la primera vez que me insultaba, pero si era la primera vez que lo hacía en persona, cara a cara.
...

Sólo recuerdo como una de sus manos me empujó hacia una de las paredes de aquella calle. Me fijé detenidamente en sus ojos, no los reconocía, estaba segura de que pertenecían a un chico totalmente distinto, no eran del que me había enamorado tiempo atrás. Intenté apartar la mirada, pero él con la misma mano con la que me había empujado, me agarró del rostro obligándome a mirarle. No me acuerdo de lo que me decía, sólo sé que quería irme de ahí cuando antes. 

La gente pasaba a mi alrededor y nadie hacía nada, con mis ojos suplicaba ayuda. Intenté hablar o gritar para llamar su atención, pero me tapó la boca, además, golpeó de forma "suave" mi cabeza varias veces contra la pared de ladrillo. 

No sé cuánto duro, sólo sé que cuando me soltó me sentí más viva que nunca. Se puso a llover y él me dejó en pleno invierno sola en esa calle. Asustada, me puse a temblar, por un momento me sentí completamente perdida dentro de mi misma. Respiré hondo, y como siempre, comencé a caminar hacia mi casa. Iba a acabar con todo, esa misma noche comenzaría a intentar alejarme de ese cobarde, no me merecía.

Ensemismada en mis pensamientos, la lluvia golpeaba con fuerza mi rostro. Esa vez no había lágrima alguna que me molestara la vista. "Yo tengo más fuerza que él" Me dije "Y aún así nunca le habría hecho daño" Con manos temblorosas, llegué a mi casa.

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