Nunca lo fue

Temblaba vacía entre sus sábanas, y yo sin poder hacer nada la observaba angustiado, mirando como se hacía pequeña, como cerraba sus ojos lentamente mientras sus labios intentaban pronunciar palabras que desde el otro lado se me hacían inteligibles.

  -Tranquila -la dije.

En realidad no sabía que hacer, cada vez hablaba muchísimo menos y su respiración parecía no llenar su alma. Abrió los ojos y con una sonrisa, intentó que yo me relajara.

 -Yo estoy bien, no te preocupes -continué diciendo tras la curva de sus labios.

Consiguió hacerse un poco más grande, pudiendo ya venir a este lado tan monótono, tan aburrido, que ella lo llenaba con la locura de su mundo cuerdo. 

  -Deberías irte -me dijo con una sonrisa.

  -¿Y si no quiero? -contesté algo enfadado.

Con su mano temblorosa agarró la mía propia.

  -Tengo que hacerlo sola, debes entenderlo.

  -No lo entiendo -respondí con tristeza.

La ansiedad llenaba su voz, y entre lágrimas me miró con fiereza.

  -Porque tú no estás preparado para entenderlo -contestó fríamente. 

  -Yo creo que sí.

  -¿Has amado a alguien hasta el punto de resquebrajarte el alma? ¿Has aguantado las ausencias? ¿Has vivido con miedo de tu propia sombra? ¿Te has tropezado más de dos veces con la misma piedra? ¿Has huido? ¿Te has envenenado con palabras que nunca has pronunciado? ¿Has mirado a la soledad cara a cara?... -dijo con cierto enfado.

Hubo un silencio pesado. Un silencio que llena, que mata, que habla por si solo. Su mirada huyó evitándome, y mirando hacia la ventana dijo:

  -¿A caso teniendo veneno en el alma y en la mente, te has vuelto a enamorar de la misma piedra?

Mis ojos se fijaron asombrados en ella. Me quedé mudo. ¿A caso estaba diciendo qué yo le seguía gustando? Pero eso no podía ser, ella me dijo que desde ese momento no quería estar con nadie nunca más, pero claro, yo no era nadie, yo siempre había sido él. 

Ella soltó una débil carcajada.

  -Sí, lo mejor será que me vaya -dije temblando.

  -Hazlo, porque tú no eres la persona indicada. Querer no es solo poder. Además -continúo con una sincera sonrisa-, todo siempre suele acabar en error, y lo nuestro no era una excepción. Nunca lo fue.

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