Invisible cicatriz

Tú eres aquella cicatriz invisible que todavía forma parte de mi piel; aquella herida que se observa sólo cuando cierras los ojos; ese dolor que parece curado pero que todavía quema.

Intento hacerme un hueco en mi propia mente para poder conseguir dominarla y echarte de ese lugar convertido ahora en tu reino. ¿Cómo me puede doler algo qué ya ni siquiera existe? 

Los pulmones están llenos de cristales diminutos que impiden que el viento respirado me calme. Echo de menos el llamado aire puro, hace tiempo que no consigo saborearlo.

Las noches son los momentos más duros. Las sábanas arden al contacto de mi cuerpo frío que se encoge en aquella coraza hecha de algodón. Ese escudo me protege del mundo exterior pero no impide que entren aquellos monstruos sin materia. 

A la hora de siempre se vuelve a abrir la cicatriz. Mientras la sangre se relame del gusto recorriendo mi tembloroso cuerpo, sólo deseo que todo esto acabe en un abrir y cerrar de ojos. Es cierto que el tiempo todo lo cura, el problema es que anda muy lento en los momentos que se nos antojan más duros.

Aunque el dolor mancha ese escudo suave que me envuelve, siento que es lo que quiero. Es imposible que te niegue que no quiero llorarte, que no quiero odiarte en estos momentos, que no quiero compadecerme de mi mismo. Es prácticamente absurdo negar que todavía queda algo en mi que se siente atraído hacia ti, por eso me veo atrapado en una espiral de incertidumbre. 

Al sentir otra vez el latente fluir rojo me olvido de todo, sólo quiero volver a abrazarte. Echo de menos tus diminutas manos buscando las mías resguardándome del frío, sueño con que te vuelvas a despedir de mi con un "Ten cuidado". Deseo con todas mis fuerzas que vuelvan los momentos empalagosos que me regalabas y que yo los aparataba hacia un lado, muchas veces me sigo arrepintiendo de eso.

No puedo evitar salir de mi refugio e ir a por el móvil. Al tener el teléfono entre mis manos, busco tu nombre en el apartado de contactos, y al encontrate, pulso en la zona de esa famosa aplicación, parece que estás en línea. Te escribo, escribo todo lo que me he estado callando. Quiero darle a enviar pero el dolor es demasiado fuerte y me ciega la visión. Te odio por hacerme sentir algo tan maravilloso, me odio por haber caído enamorado. 

Intento marcar tu número, ese que tantas veces he marcado. Desesperado, siento como poco a poco mis músculos se paralizan ante el temor de volver a oír tu dulce voz, ese arma de doble filo que tanto deseo volver a escuchar. Grito en la oscuridad temiendo lo peor, no quiero volver a acobardarme en el último momento. Es irónico que tengas que conseguir la valentía para poder llegar a ser un cobarde. 

No puedo más, esto es una tortura.

Corro en plena noche, a cada paso un recuerdo. Siento como la cicatriz palpita y arde ante la incertidumbre que me ataca, ¿Qué voy a decirte cuándo te vea?

Me planto debajo de la ventana. Tiemblo, sangro, lloro, odio y amo. 

-¡Te echo de menos! ¡Sé qué es una locura qué esté haciendo esto en plena noche! ¡Sé qué lo único que querías de lo nuestro era una simple amistad pero tengo miedo! ¡Tengo miedo cuándo pienso qué puedo un día perderte del todo! ¡Tengo miedo de no haberte hecho feliz durante el tiempo que hemos estado juntos! ¡Tengo miedo de qué sientas el dolor qué yo estoy sintiendo! ¡Tengo miedo porque te quiero todavía y creo qué incluso mucho más qué antes!... ¡Dime! ¡Después de saber todo esto! ¿¡Serías capaz de descolgar el teléfono si una noche consigo vencer a mis miedos!?

Beep, Beep 

Es el móvil, siento como la herida se hace más grande y profunda:

Estaré esperando esa llamada todas mis noches mi invisible cicatriz.

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