¿Cómo estás?

Todo era distinto pero a la vez seguía siendo igual. Sentada en la cama como hace años escucho esa canción que tú me descubriste, y absorta en los vagos recuerdos del ayer, no puedo evitar esbozar una sonrisa. Todo lo que me había dolido perderte se materializaba en la ahora extraña curva de mis labios que rebosaban una placentera melancolía.

No puedo evitar preguntarme si todavía te acuerdas de mi cuando llueve o ves una rosa, ¿acaso recuerdas todas las noches qué nos pasábamos en vela hablando por Skype? Las semanas se nos hacían cuesta arriba con aquellas noches finitas pero que componían un eterno universo. 

Es increíble como una persona puede seguir estando en tu vida sin formar ya parte de ella. Siempre puedo disfrutar de tu ausente compañía de forma sencilla, como por ejemplo, yendo a pasear por el parque donde nos encontramos a esa violinista, o ir a tomar café en el restaurante que nos vio nacer y morir. Visitar la estatua que nos esperaba cuando nos conocimos, observar el mismo tren que cogiste y yo no cogí, perderme en la inexistente playa de la que hablábamos, y reírme de los alocados planes para conseguir dinero y poder entonces visitar los muchos museos con los que soñaba. Ir al puesto donde me negué a que me compraras el libro que siempre me quisiste comprar. Tumbarme en el césped y sentarme en las escaleras donde me regalaste mi primer beso.

Es increíble todo el cariño que te tengo a pesar de haber pasado por momentos en los que de verdad llegué a pensar que te odiaba. Recuerdo el instante que tuve que decidir por los dos algo que en el fondo nos perjudicó para bien, no es que no funcionáramos, es que había demasiada distancia de por medio.

Quiero darte las gracias por todos esos días en los que me preguntabas: "¿Cómo estás?", esperando siempre mi variante respuesta. Me alegra decirte que si me preguntaras ahora te contestaría con la que siempre has querido escuchar: "Estoy bien".

Tenías razón, mi vida iba a cambiar por completo. He conseguido que en mi camino me acompañaran distintas personas que he sido capaz de querer, me he maravillado con alguno de los museos de los que hablábamos y que no era capaz de visitar por mi misma, conseguí distintos logros de los que te sentirías muy orgulloso, fui al puesto y me compré el libro que me negué a que me compraras, mi futura trayectoria profesional ha dado un giro de 180 grados, recibí una carta, me compraron aquellas flores, probé la lasaña de verduras, viajé, toqué con mis pies la arena de esa inexistente playa... Y te vi desde lejos, en aquellas vacaciones de verano, ¿Lo recuerdas?, ¿Te acuerdas del momento en el qué viste qué mi mano agarraba una qué no era la tuya? ¿Una mano qué me hacía infeliz? Y de repente lo comprendí todo, sé que recordabas a la lluvia, a la violinista, al helado, a los museos, a la estatua... Porque en ese instante en el que nos volvimos a encontrar, paraste en seco tu trayectoria para mirarme a los ojos mientras me alejaba otra vez lentamente de ti, y de la forma más preciosa que alguien me ha sonreído jamás, me regalaste una de las más bellas y a la vez más melancólicas sonrisas. 

Y ahora dime, ¿estarías dispuesto a volver a abrirme el chat para preguntarme otra vez por mi estado de ánimo?

Fui al bosque del que me hablaste, y es cierto, la magia existe porque
conseguí la moneda que tanto tiempo llevaba buscando.
También es cierto que hay personas que en realidad
deben vivir simplemente en el recuerdo
porque son más útiles que conviviendo conmigo.
Gracias por ser el más útil de mis recuerdos.

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