La sala y el tigre.

-Pero, ¿qué sentías?

-Sólo sé que tenía pánico al tren, no quería subirme y por ello huí de la estación. Necesitaba salir de allí cuanto antes -dijo ella intentando simular una bonita sonrisa.


-Eso lo sé, pero quiero decir... ¿Qué es lo qué se siente al tener un ataque de pánico? -contestó él fijando su vista en la desviada mirada de su amiga.

-Miedo.

-¿Miedo a qué? -preguntó el joven.

-Al tren.

-¿Miedo al tren? ¿O miedo a tu cita? -volvió a preguntar el chico mientras daba un sorbo a su café.

-Por favor no pronuncies esa palabra -dijo ella todavía con la mirada desviada hacia el infinito de la cafetería.

-Mírame Sofía -él posó una de sus manos encima de una de la suyas- Mírame y no tengas miedo, sabes que puedes confiar en mi.

-Sé que puedo confiar en ti -contestó ella mirándole directamente a los ojos.

-Sofía... Dime, ¿qué se siente?

-Sientes una presión muy fuerte en el pecho y de repente en tu boca aparece una especie de aceite con un sabor extraño que se desliza hasta tu garganta y no deja que el aire entre a tus pulmones, comienzas a tener temblores por todo tu cuerpo, te mareas y hasta incluso puedes desmayarte, un sudor frío recorre tu nuca y tus manos, tu temperatura corporal baja de golpe a pesar de que tienes la sensación de que vas a salir ardiendo, tu vista se nubla y el mundo se frena sin avisar, el corazón comienza a golpearte con fuerza... -comenzó a contestar ella después de un gran silencio.

-Creo que llego a comprenderte -le dijo un tanto confuso interrumpiéndola.

-Imagínate por un momento que estás en una sala vacía donde tu única salida es una puerta cerrada a cal y canto, ¿Vale? Extrañamente esa puerta se abre por arte de magia para que un tigre hambriento entre. El animal  comienza a acercarse lentamente a ti relamiéndose y lo único que puedes hacer es intentar huir por la ahora muy pequeña puerta abierta si quieres salvar tu vida... ¿Entiendes? Esos sentimientos que puedes sentir en esa extraña situación es a lo que llamo yo pánico -dijo ella intentando que su amigo lo comprendiera-. Pero no te preocupes sé cuidarme bastante bien, soy muy fuerte ante ese tigre.

-Entonces... ¿Eso es lo qué sientes cuándo te enamoras? -dijo él algo compungido intentando omitir la última frase que pronunció la joven.

-No lo sé... ¿Qué es lo qué sientes cuándo estás enamorado? -respondió ella con una ahora sonrisa sincera.

-Yo... Cuando veo a Alex el corazón me va más rápido, siento que mi temperatura corporal cambia, a veces me tiembla todo el cuerpo, mi vista parece que se nubla porque sólo me fijo en él y no en lo que hay alrededor, siento un maravilloso mareo y una presión fuerte en el pecho y de los nervios no me llega aire a los pulmones, y...-de repente hizo una acelerada pausa- Espera... Esto no quiere decir nada, es algo totalmente distinto así que no sonrías de esa manera. Para mi estar enamorado es tener una sala llena de cosas maravillosas como ventanas y puertas, y aquí no hay ningún tigre, en todo caso habría miles de gatitos por todas partes.

-¿No ves que son los mismos sentimientos? Sólo que tú disfrutas de ellos porque aparecen en ti de forma placentera, y no intentes negarme que esto es cierto, pero... ¿Acaso no se puede llorar de felicidad y sonreír de espanto? -dijo ella con ahora una amarga sonrisa.

-No sé que decirte -contestó el joven mordiéndose el labio.

-Sabes que decirme perfectamente... Me dirías que no debería tener miedo a los trenes, que no comen a nadie y que en realidad llevan a las personas a su destino sin percances.

-No cielo, te equivocas -dijo él con un tono de voz apagado-. Te diría que a lo que no deberías tener miedo es a la persona que te estaba esperando, ya que en realidad no te asustaba el tren, sino él... ¿Y sabes qué? Creo saber porque le temes.

-¿Y por qué le temo? -dijo ella reprimiéndose las lágrimas.

-Porque te hace vulnerable ante el tigre -le contestó limpiándole las lágrimas que ahora recorrían su pequeño rostro.

Todos debemos lidiar con nuestros respectivos tigres.

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