Imagínate que...

Imagínate que en un momento determinado cometiera la locura de mirarte a los ojos para decirte que te quiero. Visualiza ese instante en el que mi mirada se posa tímida en la tuya y expulsa mi alma en forma de disparo esa pequeña frase, esa bala con tanto significado:
 ¿Qué harías en esa situación en la que mi grito callado se hace un sordo susurro seco y tirante?

Imagínate que estamos tú y yo a solas sentados en cualquier lugar de Madrid observando callados cómo miles de personas anónimas pasean sin darse cuenta de nuestra presencia, ocupados, con prisas, yendo y viniendo de sus caminos pautados. De repente mi mano roza sin querer la tuya y al final las dos acaban dándose un estrecho beso:
 ¿Qué harías en ese instante en el que después de tener mi mano entre la tuya apoyo mi cabeza en tu hombro y comienzo a sonreír sin motivo alguno?

Imagínate que un día en el tren te susurro al oído lo que siempre te dedico de forma anónima en versos. Esta vez no te hablo en ecos y te propongo palabras y hechos. Con voz temblorosa sientes mi alma en tu oído que confiesa valiente que tiene miedo porque hasta ahora nunca había sentido algo tan fuerte, algo tan intenso:
¿Qué harías si después de eso callara tu respuesta con un beso? 

Imagínate que una noche entre unas sábanas blancas, un calor apagado de carbón ya extinguido, escondida, tímida y natural duermo:
¿Que harías si uno de mis ojos divertidos se abrieran curiosos intentando que no te dieras cuenta de este hecho?

Imagina que ahora cometo una locura y doy a enviar, imagina que te llega un mensaje en el que aparece la frase "Te echo de menos". Dime:
 ¿Acaso marcarías mi teléfono?


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